SIN TOMAR ALIENTO ESTOY

September 27th, 2007 by jon

La vida a veces te pone en situaciones para las cuales uno no ha aprendido una respuesta. Uno sabe cómo reaccionar por ejemplo cuando alguna persona se cae en la calle. En ese caso inmediatamente me apresuro a ayudar a él o a la caída. Otra situación común que me ha pasado es cuando estoy en el supermercado y ya terminé de acopiar todo lo que pienso comprar y me dirijo a una de las cajas a pagar el importe respectivo por los artículos y en ese preciso momento otro cliente, prácticamente en paralelo, marcha con idéntico destino. En ese momento por educación siempre le cedo el paso en lugar de tratar de adelantarme infantilmente. Algunos responden el gesto con una amable sonrisa o un solemne “muy amable”, otros más acomplejados ni te miran, en fin, uno lo hace por educación y de corazón. Pero hay otras situaciones en las que uno no sabe como actuar hasta que se te presentan. Una de estas particulares circunstancias me sucedió hace muchos años cuando estudiaba una maestría en la universidad.

 

            Estos estudios post grado son fuertes y prácticamente no nos deja tiempo para nada más. De la casa al trabajo, del trabajo a la universidad y de la universidad a la casa. Si uno sale es simplemente para reunirse con los compañeros de aulas y realizar algún trabajo grupal asignado. En una de estas reuniones generalmente uno agarra el oxígeno necesario para no aburrirse de la rutina. El tono de estos encuentros es amical y disipado, sin perder la seriedad del estudio, eso sí. En una de estas reuniones tuve la oportunidad de conocer a una compañera que me cayó muy bien. Generalmente los grupos de trabajo se formaban al comienzo de cada ciclo académico, sin embargo en este caso los grupos fueron formados al azar permitiendo conocer a esta agradable persona. El hecho es que tuvimos una buena conexión. Las reuniones eran en su casa y de no ser por lo apretado de nuestras agendas, nos hubiésemos quedado conversando hasta largas horas de la noche.

 

            Así transcurrió ese semestre y hacia el final decidimos salir juntos. Ya la conocía pero de todas maneras siempre había ese ingrediente de la salida semi formal, uno ya sabe lo que va a suceder y hay incertidumbre en la forma en que transcurrirán los hechos. Aunque a veces no llegan a transcurrir. Pero no quiero adelantarme en los hechos. Ese día sábado tan esperado por ambas partes llegó al fin y alas diez de la noche estaba tocando la puerta de su casa para llevarla a cenar y probablemente después a bailar. La cena quedó abortada a favor de una ida al cine en la que ambos estuvimos de acuerdo. Al salir del cine tuvimos la idea de ir a bailar, total, la discoteca nos quedaba a un paso. Tomados de la mano caminamos hacia la discoteca pero a medio camino, ya las vibraciones estaban demasiado elevadas y frené la marcha en seco y me volví  para quedar de frente hacia ella. No hubo palabras, simplemente me acerqué a su rostro, algo me detuvo, no fueron sus manos, pero seguí y la besé en los labios. Algo sucedió y lo que a priori pintaba como un beso de novela, acabó en menos de diez segundos. Confirmé lo que me había casi detenido segundos antes, la chica tenía mal aliento. Todo el encantamiento de meses se vino por los suelos en cuestión de segundos. Lo más grave del asunto era que yo no sabía cómo enfrentar la situación, era algo nuevo para mí y sobretodo inesperado. Mi educación evidentemente me aconsejaba que guardara caballeroso silencio. Supongo que ella ya sabía de su problema, no hizo preguntas. Aquella fue la última noche en que nos vimos. Aún no sabría cómo actuar si se me presentara una situación similar.

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